jueves, 19 de enero de 2017

El Kangeiko


El Kangeiko, literalmente “entrenamiento con el frío”, es una tradición entre los artistas marciales de Japón. Su significado es el de someternos voluntariamente a un ejercicio de dureza física en condiciones de clima adversas para fortalecer nuestra determinación, entrenar nuestra capacidad de concentración en circunstancias extremas y superar nuestros miedos, construyendo así una mente más fuerte, con mayor capacidad de resistencia al estrés, adiestrada para vencer las constantes acometidas que nos arroja la vida cotidiana. 

A nivel espiritual, existe la creencia de que el mar es un “purificador” de energía, por lo que se da la bienvenida al nuevo año con un baño en el agua helada, que depura nuestro cuerpo de toda energía negativa. De esta manera, como en muchas otras tradiciones culturales, se da de nuevo comienzo al ciclo, con espíritu renovado, olvidando todo aquello que nos perturba, con el compromiso de regenerar nuestras emociones, para continuar nuestras vidas con una nueva perspectiva más optimista, que nos permita dejar atrás aquellos sentimientos que impiden que avancemos en nuestro Camino, olvidando así todo impulso negativo que se opone a nuestro crecimiento personal y a nuestra felicidad individual. 

Podemos entender esta metáfora existencial como una forma física en la que nuestra mente acepta el cambio y se predispone a vaciarse de las emociones negativas que la esclavizan y le impiden “ver” con claridad. Todo miedo, preocupación y sentimiento negativo, queda olvidado en el mar. 

El Kangeiko es un entrenamiento en la Naturaleza. Si has entrenado Karate en un entorno natural, sabrás que es una experiencia diferente y reconfortante. El entrenamiento en la intemperie estimula los sentidos, proyectando en nuestro espíritu unas emociones a menudo dormidas, que despiertan en nuestro interior una sensación de bienestar, y nos recuerdan nuestra verdadera esencia. Un estado de calma y felicidad sencilla, que nos hace tomar consciencia de que formamos parte de un entorno más grande, en el que todo está conectado. En este ambiente, nos resulta más fácil respirar, y sentir la plenitud de la existencia. 


Entrenar en la Naturaleza también nos brinda la oportunidad de descubrir los pequeños detalles de los que eran conscientes los guerreros de antaño, de los que podemos encontrar consejos, por ejemplo, en el Libro de los Cinco Anillos, de Miyamoto Musashi, o en El Arte de la Guerra, de Tsun Zu, en los que los autores hacen referencia a las condiciones del medio, como el nivel del terreno o la luz del sol al luchar con un adversario. 

A menudo olvidamos que el suelo no es llano, y ni siquiera está “acolchado”. Todas estas pequeñas variables eran de suma importancia antiguamente y no es despropósito detenerse de vez en cuando a observarlas, sobre todo porque obligan a nuestra mente a mantenerse alerta sobre el más mínimo detalle, y es una manera más de entrenarse en la vía de la perfección, que no puede KANGEIKO alcanzarse nunca, pero que nos permite, mediante la práctica constante, situarnos cada vez un poco más cerca. 

Por último, el Kangeiko es un encuentro de karatekas, en el que hacemos algo juntos que forma parte de nuestra pasión, y que podemos vivir de una manera especial en un día diferente. Asimismo, es también un reencuentro con karatekas con los que habitualmente no podemos coincidir en los entrenamientos, y con karatekas que por circunstancias actuales no pueden venir a practicar al dojo, pero este día hacen el esfuerzo de reunirse con sus compañeros y practicar el Arte del Karate compartiendo con ellos la misma pasión y energía. 

En Okinawa, algunas escuelas prolongan esta práctica durante los tres meses de invierno para fortalecer el espíritu. Nosotros lo hacemos una vez al año. No dejemos que se pierda esta tradición, que refuerza los valores del Bushido en nuestra vida moderna y a menudo caóticamente desbocada. Abandonemos por un momento nuestra línea de confort para dedicar un instante a fortalecer nuestro karate interior. Os invito a participar de esta experiencia valiosa, que siempre merece la pena revivir. 

Os espero entre tierra y agua. Bienvenidos al Kangeiko.

 Samuel Martínez

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